Las veces que discutí con colegas intentando demostrarles que el extinto dúo Pereza tenían una base de rock,n,roll, ya ni las recuerdo. Independientemente de una producción comercial acorde a los tiempos y un sonido “blando”, sus técnicas y estructuras – que aprendieron tocando en garitos desde cero, pues no han sido nunca estos unos músicos prefabricados en estudio – bebían de la escala pentatónica de blues y de los riffs que The Rolling Stones y Marc Bolan & T Rex desplegaban en sus discos.

En la segunda mitad de los años 80s y cuando La Movida madrileña declinaba, en el barrio de Malasaña, comenzaba a gestarse un movimiento que apostaba por subgéneros de influjo 60s como el rhythm,n,blues, el beat y estilos del rock más combativos como el punk-rock o el garage-rock que ya a principios de los 80s, en buena parte de Europa y en Estados Unidos, habían conocido un “revival”.

De ese ambiente, surgieron Los Potros, este quinteto que pasó a ser trío y que con el devenir de los años pasó del más absoluto anonimato a ser reivindicado entre los entendidos de los circuitos más subterráneos.

Hoy nos detenemos en el estreno en solitario, del que fuera guitarrista, compositor y vocalista del grupo inglés, The Dogs D'Amour. Hablamos de Tyla J. Pallas, que en esta ocasión se aparta de la actitud e interpretación glam-rock de su banda madre y se escora más hacia el clasicismo folk, blues y rock que vacas sagradas como Dylan y Neil Young desarrollaron durante los años 70s. No debemos olvidarnos tampoco de la influencia que despierta en nuestro hombre, el buen hacer de otros obreros y románticos del rock, como son Keith Richards o Nikki Sudden en los siempre reivindicables Jacobites.

 En el año 1994, el grupo mallorquín La Granja, publicaba su disco más popular hasta la fecha. Hablamos del “Medicina Natural”, editado por el sello 3 Cipreses. Un trabajo en el que se encontraban dos himnos que en aquel año se radiaron en una reconocida radio-fórmula - que por aquel entonces aun apostaba por el rock,n,roll en su parrilla de éxitos - como es el caso de “Y Si Al Menos” o la pieza acústica que le da título a esta obra.

Realmente ya habían dejado el listón muy alto con sus cuatro referencias discográficas anteriores, en donde defendían la eterna juventud y en muchos casos el verano como telón de fondo. Canciones refrescantes y contagiosas en donde convivían las melodías más azucaradas del pop, con la electricidad del rock y la visceralidad del punk. Otro de esos grupos para escuchar en verano y que personalmente me acompañan todos los años por estas fechas.

El 23 de febrero de 2023 se lanzó, a través de Xtreem Music, el primer disco de Coffinborn, trío húngaro de death metal, originarios de la población de Szeged. El presente álbum se grabó en 2012, pero, por razones logísticas, no salió hasta la fecha señalada; antes nos deleitaron con un EP en 2014, titulado “Beneath the cemetery”
 
El disco en cuestión suena a death clásico por todos los costados, con influencias de bandas míticas como Death, Massacre, Asphyx o Grave. Es un disco dinámico, con partes rápidas, la mayoría sin blast, aunque también incluye momentos pesados y machacones. Las guitarras nos deleitan con riffs poderosos y repetitivos en ocasiones y buenos punteos. La voz da carácter al disco, sonando oscura y cavernosa en bastantes partes y más clara en otras, pero siempre inteligible. La batería y el bajo también cumplen a la perfección, siempre presentes.
 

Volvemos a recomendar otro luminoso y cálido disco para escuchar en verano, a cargo de Beachwood Sparks, este conjunto angelino formado en el año 1997 y que cuenta con cinco Lps como cinco soles.

Hoy nos detenemos en su tercer álbum, “The Tarnished Gold”, publicado en el año 2012 por el influyente sello discográfico Sub Pop y que supuso su regreso tras diez años sin nuevo material de estudio. Una obra perfecta e indispensable para todo amante del rock americano, del pop pluscuamperfecto, de las sonoridades añejas más psicodélicas y del country crepuscular. Y complicado lo tenían después de editar su segundo cancionero (“Once We Were Trees”/2001) que es otro de esos discos que siempre me acompañan en la época estival y que resultó ser uno de esos descubrimientos, que en cierta manera, me marcaron para siempre.

Los madrileños J. Teixi Band, con una vasta carrera discográfica que comenzó a finales de los años 90s, regresan con un nuevo disco, siete años después de su último y novedoso cancionero de estudio (“Desde El Tren”/2016/Warner Music).

El compositor, vocalista y guitarrista Javier Teixidor, continua al frente de la formación, junto al bajista y acordeonista Dani Montemayor (ex-Mermelada) e integrantes de Los Elegantes (con Emilio Galiacho al órgano y piano, Juanma Del Olmo a las guitarras y Charly Hens a la batería) además de la sección de vientos integrada por Nacho Muñoz (trompeta), Rafael Díaz (saxofón) y Roberto Bazán (trombón).

En el año 1988, Todd (voz), Rich (batería), Bill y Sean (guitarras) y Dave (bajo), cinco colegas del condado de Berks (Pennsylvania), empezaron a funcionar por la zona de Reading con bastante éxito, lo que derivó en la grabación de un primer EP, titulado “Infernal infestation”, con el cuál tuvieron varias actuaciones en vivo, lo que los empezó a asentar como un grupo prometedor dentro del death metal clásico. Esta efervescencia originó la grabación de otro EP que sería su confirmación, pero, debido a causas externas, nunca salió a la luz.