“¡¡Boas noites!! Somos Os Rapaces…”

Tras veinticinco años de carretera al fin la furgoneta de Los Chicos se detuvo en la ciudad. Aún no puedo entender como una de las bandas con más personalidad y pegada del panorama nacional puede haber viajado siete veces a las antípodas y no haber desembarcado nunca, hasta la noche de autos, en la ciudad de “A Esmorga”.

Por cierto, ¡que buenos cicerones habrían resultado para la ocasión Cibrán, el Bocas y Milhomes! Pero le tocó a Labra (Bad Seed) ejercer de anfitrión y, a falta de torreznos, “castigar” al combo madrileño con las empanadillas del París, los delicados caldos del Ribeiro, el licor café y demás delicias locales.

Venían presentando su último y, sin ninguna duda, mejor disco hasta el momento: “Never is too much”. El octavo ya en su carrera y por supuesto autogestionado como todos los anteriores. Publicado el año pasado después de siete de silencio creativo. Buenos ritmos, buen sonido, buenos arreglos, estupendas colaboraciones y buenas letras. Letras maduras, más pensadas, más trascendentes. Escritas para dejar poso. Nos hablan de tiempos pasados, de fracasos, amistad, abandonos, amor… CANCIONES en definitiva. El mito de banda fundamentalmente de directo se resquebraja con un disco disfrutable en cualquier ámbito de la diaria cotidianidad, sin perder nunca la esencia de la banda.

     

En los conciertos de Los Chicos el factor sorpresa está siempre presente, nunca sabes que va a pasar. La improvisación es un plus a tener en cuenta.

La banda más salvajemente divertida del país lleva mal el permanecer sobre el escenario durante todo el show. Como cabía esperar, el escenario del Auriense se les quedó pequeño. Pero hubieran dado igual las dimensiones. El del mísmisimo Madison Square Garden no daría abarcado el brutal despliegue escénico de Rafa y los gemelos.. Las idas y venidas a la barra, las interacciones con el público, las coñas de un frontman irrepetible, los bailes… hacen del bolo una excéntrica liturgia, máxime cuando el noventa por cien de la sala sabe a que ha venido y disfruta a tope de la comunión total con los músicos. Enérgicos riffs, gamberras coreografías, una poderosa base rítmica, sudor, sonrisas, cerveza… el paraiso.

La banda suele consensuar el setlist poco antes de cada bolo, durante el “precalentamiento” gastroetílico. Para la ocasión, se decantaron por temas del repertorio clásico enjaezados con temas del último trabajo: Another Night in Eden, For a While, Tracks, Going to Stay y Never is Too Much. Rematando la faena con un Treat Hear Right y la colaboración de un Oscar Avendaño (Bo Derek’s), incondicional de la banda, que se desplazó desde Vigo para disfrutar de la noche en una sala que rozó el sold out.

Noche inolvidable, la primera y esperemos que no sea la última, de la banda que ocupó la portada del Ruta 66 en febrero del año pasado en reconocimiento a su trabajo y compromiso durante los últimos 25 años: Nunca es demasiado” tarde...

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