La traca final del OUTONO CODAX FESTIVAL, como viene siendo habitual en los últimos años, se conjuga en tres días seguidos donde, en cada uno de ellos, se puede disfrutar de dos bandas teniendo como telón de fondo la suntuosa sala Capitol.
Son tres jornadas en las que acabamos con la lengua fuera, sin que ello sea ápice, para llevarnos en nuestra mochila un buen puñado de buenas sensaciones y de experiencias musicales que, gracias a este marco, nos permite disfrutar de fastuosas bandas que por si solas sería arduo deleitarlas por estos lares.

El jueves 20 de noviembre se abrieron las hostilidades con el ferrolano PABLO LEIRA. Un nuevo valor de la escena gallega con una formación musical profesional, a la altura de Berklee College of Music. Dicha formación y talento para componer, han quedado reflejadas en sus dos discos de estudio: “Dirt, Wood & Grass”, editado en 2023, y el que presenta, en primicia, para este festival, titulado “207”.

Pablo recorre un río que se alimenta de diferentes aguas siendo, sus cauces más evidentes, la corriente “la americana” que mezcla con el country y el folk, del otro lado del charco, siendo The Band y Neil Young alguno de sus referentes. Sin dejar de lado sus melodías pop que se nutren de los Four Fab, como no podría ser de otro modo. A su vez, en alguna tonada, la sombra de Reckless Kelly también sobrevoló la sala.

Con un set típico de R&R, el cuarteto se conforma con batería, bajo y teclados cerrando filas Pablo con su guitarra y voz principal. Un concierto perfecto que prendió la mecha de este maratón de tres días que tenemos por delante y donde Pablo Leira dejó evidencias suficientes de su excelente capacidad a la hora de componer.

Después de la obligada parada para liberar y cimentar el escenario con los nuevos cachivaches, nos sumimos, en gravedad cero, con la actuación de VALERIE JUNE. Su marca de agua es el blues, el folk americano, el gospel y, sobre todo, el soul creando un cóctel fresco, original y, mayormente, muy personal. Su sensibilidad para con la interpretación eriza lo pelos, creando en vivo y en directo un lienzo lleno de luz y color.

Una artista que ha sabido dar una vuelta de tuerca y, en un giro inesperado de los acontecimientos, ha llegado a ser original dentro de lo estipulado. El reflejo de su música se proyecta con un outfit llamativo, colorista que la hace distinguible a nivel visual así como, su música, lo es a nivel auditivo.

Prueba de ello son sus videos musicales llenos de pigmentos, tintes y con una aleación de diferentes gamas. Artistas variopintos que cierran círculos que abarcan más que lo meramente musical; el caso más relevante que se me viene a la cabeza, es el coloso y descomunal Prince.

Se presentó como una mujer del renacimiento musical soulero. Su peinado parece sacado de la mitología griega, cuan medusa se tratase. Comenzó la ceremonia y, desde un primer instante, la reina indiscutible del enjambre nos insufló su jalea real, a base de melodías originales acompañadas de su voz aniñada, con tendencia a los agudos.

Todos sabemos que el soul es lamento pero, esta artista, da un doble salto mortal y, sin perder la esencia, se revoluciona para convertir su música en una alegría contenida en la que nos lleva de la mano, en un ritual repleto de matices musicales que no son un paradigma dentro del estilo soul y R&B. Sin duda una artista de vanguardia que, en su búsqueda musical, ha sabido diferenciarse de lo común para romper con los moldes establecidos.

Seis son sus trabajos realizados hasta la fecha presentando, para la ocasión, “Owls, Omens, and Oracles” que recién ha salido del horno. Valerie está blindada por un baterista que sabe imprimir la intensidad y el sentimiento a cada uno de los fragmentos musicales que componen cada tema: subiendo al cielo y bajando a los infiernos, si es necesario.

Un gusto ver como un músico sabe adaptarse y estampar su impronta a la banda para crecer, in situ, y ser protagonista sin inicialmente serlo. Todo ello complementado por un bajista, con look a lo ZZ TOP, que mima cada golpe de dedo para que Valerine brille.

Originaria de Tennessee, una de las cunas del R&R de los Estados Unidos, Valerie se nutre de diferentes sonidos lo cual queda reflejado en sus dispares guitarras que elige según la copla de turno. Un banjo, una guitarra acústica, un par de eléctricas y hasta un mini banjo que sacó a relucir en una versión inverosímil de “Wat a Wonderful World” del gran Louis Armstrong donde ella, sin apoyos, defendió desde la vanguardia.

Y después de este viaje con paradas en el soul, el R&B, el blues e incluso en sonidos más hippies, en la onda The Doors, concluyó esta 5ª jornada del Outono Codax Festival. Solo queda vitaminarse y mineralizarse para afrontar la siguiente jornada.
¡Sean buenos!


